[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»La cicatriz del mundo
Por María Valcárcel» font_container=»tag:h2|text_align:center» google_fonts=»font_family:Hind%3A300%2Cregular%2C500%2C600%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/6″][/vc_column][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]Una conversación con
Socorro Venegas. Un encuentro con La memoria donde ardía.

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Si por deseo se pudiera rescatar a los seres de estos relatos, los finales serían distintos, al menos, en el alma del lector. Sin embargo, no es ni será posible nunca. Porque Socorro Venegas se ha encargado de entrelazar cada personaje con cada piel que lee, con cada órgano que mira. Es por eso que el libro La memoria donde ardía respira acompasado con la carne que pasa las páginas y lo que duele dentro se convierte en la misma cosa que duele fuera. Y los seres del interior no van a ser salvados jamás porque han aprendido a habitar una casa que es una herida cicatrizada, que ya no supura, pero que palpita. No se están ahogando, ya viven bajo las aguas. No se están hundiendo por el peso del mundo, ya están bajo esa tierra. No están en proceso de caída sino que el descenso fue anterior y lo que queda tiene ya otros nombres. Es ahí, desde ahí, desde donde se conversa. Y una vez que entras, una vez que ardes tú también y tienes la certeza de que estás en otro sitio, si por deseo fuera, te quedarías para siempre.

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Están distanciados de la realidad, están dolidos con la realidad, por supuesto que hay una relación anómala, digamos, con el mundo; es un poco como que el mundo los ha traicionado, sin embargo no son personajes que se hagan estas preguntas del lugar común de “por qué me pasó a mí”, han rebasado completamente, pasaron ya por la angustia, por el dolor más inmediato. Es el dolor más inmediato pero hay un dolor que se queda y que va a ser para siempre. Que una herida se cierre no significa en estas historias que deje de doler. Si pudiéramos darle una imagen a La memoria donde ardía, esa memoria es una cicatriz. Eso es lo que quiero comunicar.

Hay también como una gradación del dolor y al mismo tiempo era importante para mí mostrar que mucho dolor acumulado no significaba que se dieran por vencidos, tampoco es que sean valientes luchando contra la adversidad, no se asumen así, o sea, son seres que saben lo que han perdido, que saben que están mutilados, que sus pérdidas los han convertido en alguien distinto, en alguien en quien no querían convertirse, pero ya están allí. Entonces tampoco son estoicos pero sí son personajes que encarnan una enorme belleza justo porque están sobreviviendo, no se enorgullecen de eso, no hay esa posibilidad, lo que hay es como la vida en estado puro, reiniciándose.

Lo que hay es como un hilo que tiembla, no por la vibración del aire sino por el escalofrío de quien lo agarra. Leo y lo aprieto. Leo y soy sujetada. Tira de mí. Arrastro hacia mí. Desde fuera tan solo se ve la ondulación rítmica de alguna fibra.Desde fuera parece música la vida, suena a belleza triste.
En la herida es donde te das cuenta de que estás vivo ¿no? En la orilla de este mundo estás al límite y en ese punto donde estás frente al abismo y tu mundo, tu memoria, todo te precede. Pero qué futuro también es ese salto al vacío. Entonces es allí donde a mí me interesa estar para contar la historia, allí es desde donde coloco, desde donde miro a estos personajes actuar.

Una mujer sola, una madre sola, sin significado en este mundo. Una mujer agujero. Filamento invisible. ¿Dónde estás? ¿Dónde estoy? Ella busca, yo busco.
Siento que ha faltado mucha honestidad para hablar frontalmente, para hablar cabalmente de lo que significa la maternidad y cómo puede ser un proceso catastrófico. Que puede, pues, destruir a una mujer. Estas deficiencias que aparentemente tienen algunas madres en mis historias que no logran convertirse en madres aun cuando han dado a luz. Pero ser madre es otra cosa ¿no? Pasa por aceptar, por comprender lo que ha sucedido. Y una vez más esto es una exploración literaria, no clínica ni política, es una exploración literaria la que quiero hacer, lo que estoy buscando es mirar sin los prejuicios que se tienen cómo se vive o cómo se podría vivir de una manera anómala la maternidad. Las figuras masculinas son ausentes, están veladas o aparecen como para dar el tiro de gracia. Pensé también 

qué pasaría si en lugar de conectarme con este lugar común de los padres que dejan en la mujer toda la responsabilidad de la crianza, qué tal si al contrario, toman o asumen una paternidad tan potenciada, tan comprometida que usurpan a la mujer, que la desplazan. Y ojo, no estoy hablando de que la desplacen porque cambian pañales o bañan al niño, no me refiero a esas cosas estrictamente utilitarias y que son roles asumidos o diseñados socialmente, eso no era lo que me interesaba, lo que me interesaba era el cómo, el propósito de estos personajes masculinos, el desterrar del corazón de los hijos a la madre, eliminarla, prácticamente borrarla.

Esto podría ser una historia casi de terror ¿no?
Sí, podría, a menos que como el personaje del Real de Catorce (título de uno de los cuentos), se rebele ¿no? Realmente diga, ese no es el papel que yo quiero en esta historia. Ella ya ha venido contándonos esa imposiblidad de conectar con el niño porque el trabajo del padre ha estado muy bien hecho, completamente ha absorbido la presencia, el amor, lo ha protagonizado, lo ha monopolizado, lo ha asumido completamente para sí, dejándola en un plano – ahí sí – utilitario, que lo alimente, que funcione únicamente para cosas que podría hacer cualquier otra persona.

Son rebeliones, al igual que las de las niñas y niños de esta historia, que se encuentran en planos distintos de la realidad conocida. Donde se adquiere el sentido es en esa realidad ajena que se hace evidente al dialogar con ellos. Estás, de algún modo, obligada a trasladarte al otro lado para comprender.
La infancia es uno de los mundos que más me gusta visitar. También los personajes niños en mis historias han sido muy importantes, me interesa mucho esa reflexión sobre la infancia, porque me parece una etapa poderosísima. La etapa en la que se está construyendo el adulto, la etapa en que lo mejor y lo peor de una persona están justamente en gestación, digamos…

…sí, digamos que está la balanza y…
…tanto se puede ir para este lado como para el otro. Totalmente. De qué depende ¿no? De qué depende. Lo más importante y lo que acaba por definir el adulto que vas a ser ocurre allí. Me gusta mucho, me parece un periodo valiosísimo y siento que lo comprendo. También siento que yo misma recuerdo mucho de mi infancia, por eso me interesa trabajar sobre eso. Por alguna razón la tengo muy viva y la razón es una razón de dolor también. Yo tuve un hermano que murió de leucemia a los nueve años después de cinco que estuvo enfermo y toda la destrucción en muchos sentidos que significó esa enfermedad y su muerte.
Entonces, si no fuera un cuento y fuera un discurso lo que yo quisiera decir, es que nadie piense que ese mundo es plano, chato, y carente de complejidad, nadie piense que el niño no es capaz de amar, de odiar, de planear una venganza, de sentir con toda la profundidad cómo está en el mundo. Son seres también inmensamente frágiles pero aun con esa fragilidad que tienen hay también allí una enorme capacidad para traducir esas supuestas debilidades o supuestas deficiencias en momentos de un poder infinito ¿no?

El dedo se desplaza lentamente por la cicatriz y ya no es una cicatriz sino que es un mapa donde nuevas calles, nuevos edificios, nuevos parques y plazas y lugares prohibidos se adhieren a la piel. Aprender del personaje niño es recorrer la herida que fue.
Por ejemplo, ¿Cómo puede amar un niño? Este amor incondicional que entregan a las personas que luego pueden hacerles el mayor de los daños y allí están, y para que un niño abandone a su papá, a su mamá, para que abandone su hogar tiene casi que estar en peligro su integridad, su vida y ellos se dan cuenta de eso y ese es el único momento quizá en que abandonen. Y eso me parece terrible y me parece también que hay esta belleza de lo terrible ¿no? En cómo viven, es un mundo infinito, no me cansaría de explorarlo.

El lenguaje de estos cuentos es el que habla con la voz de los seres y las cosas que perdimos sabiendo que nunca se fueron. Si de verdad nos podemos reencontrar es por cómo nos interpelan.
El cuento pide eso quizá mucho más que otros géneros, trabajo buscando comunicar lo esencial. Yo sabía que para estas historias lo que necesitaba era el ritmo, el espacio del cuento, busqué también mi lenguaje para estas historias y a mí lo que me sucede con el cuento es que me siento mucho más cercana de la poesía que, por ejemplo, de la novela o de otros géneros narrativos. Entonces así es como fui trabajando, estos textos tienen también en común esa búsqueda por el lenguaje preciso que logre sugerir, que la revelación le pertenece siempre al lector.
Lo que puedes ver en estas historias es que he estado ocupándome de temas como el duelo, la sobreviviencia, la orfandad, esos personajes en el límite como pueden ser los alcohólicos, la enfermedad, la infancia. Esos han sido mis temas, mis obsesiones y, como toda obsesión, no se agota.

 

La memoria donde ardía es el último libro de Socorro Venegas, editado por Páginas de Espuma.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/6″][/vc_column][/vc_row]