[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»Un pronunciamiento literario
Por María Valcárcel» font_container=»tag:h2|text_align:center» google_fonts=»font_family:Hind%3A300%2Cregular%2C500%2C600%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/6″][/vc_column][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]Es un motín. Quizá no lo parezca, pero lo es. Y puede que no lo parezca porque para entender las revoluciones primero hay que comprender muchas cosas o, al menos, detenerse a analizarlas.
En caso contrario, no se las ve venir.

Pero sí, hay palabras sediciosas y obras turbulentas y búsquedas que se agitan y se levantan contra un orden que no es orden, contra el pensamiento adulterado, contra la voz engañosa que domina el mundo. Lo de Marta Sanz y su literatura es una insurrección en toda regla.

No hay texto que lleve su firma que no contenga en su interior el germen de una revuelta. Así que, si lo que quieren es permanecer impasibles ante el estallido, guárdense en sus casas, no abran puertas, no abran libros.

Es lícito sentir miedo. De todos modos, una vez que se ha producido el levantamiento, no hay nada ni nadie que lo detenga. La propuesta es unirse a sus filas, ataviarse con el uniforme subversivo y seguir leyendo. A ella. A la insurgente.

***

Si todo encaja, las preguntas son innecesarias, la escritura también. Es probable que el molde de la vida se ajuste para muchos. Pero está el resto. Discontinuo, desarticulado, desencajado. Hay motivos para el desajuste en la literatura de Marta Sanz.
Hay dos motivos. Uno que tiene que ver con el interés que yo tengo con reflejar la violencia en las cosas pequeñas, esos desajustes creo que están reflejando violencias en cosas más grandes, en sistemas de organización general. Y también creo que ese desajuste, más allá de la lectura sociopolítica o ética, tiene una razón literaria. A mí me interesan los textos que se hacen visibles, los textos que se ven, precisamente, porque disuenan, chirrían, introducen un elemento cacofónico o una fractura o un desajuste, y yo creo que eso es lo que hace que las páginas se salgan de las inercias, las páginas se salgan de las rutinas, y, de algún modo, inviten a los lectores a preguntarse lo que ellos consideren pertinente preguntarse por cómo los textos están escritos.
Hay una causa conceptual y hay una causa estilística para ese desajuste y creo que esas dos causas, la conceptual y la estilística, están absolutamente imbricadas, y creo que a partir de ahí ya hemos definido lo que es mi manera de entender la literatura.

Empuñemos las armas, pues. Las cosas, con el lenguaje, se desajustan, y así, las grietas se hacen visibles.
A mí me interesa la literatura política y yo creo que la literatura es política no solamente por las realidades que enfoca sino, sobre todo y, muy especialmente, por esas opciones sintácticas, por esas opciones de estilo que generan una forma de violencia, que generan un tipo de violencia en la recepción. Esa manera, por ejemplo, de enumerar exageradamente, esa manera de utilizar la hipérbole, esa manera de romper el ritmo de la narración a base de tajos o de cortes sorprendentes, esa manera de describir a los personajes, no de un modo físico sino por lo que tienen en el botiquín, por lo que tienen en la nevera, forman parte de ese pacto que tú firmas con los lectores en el que les estás un poco invitando a pensar que el lenguaje es una piedra que se tira contra un escaparate.

Insurrección.
Lo que yo intento hacer siempre con los libros que escribo y con esa piedra que se tira dentro del escaparate, lo que estás intentando todo el rato, es que la lectura sea una aventura de verdad, sea una lectura donde se ponga en juego el conocimiento, los propios prejuicios, la propia inteligencia, la propia sentimentalidad, y que esa acción saque a la literatura de ese carrilito o esa inercia del ocio y de la comercialidad en la que está sistemáticamente metida.

Nos quiere osados. Nos quiere valientes.
Siempre lo digo y utilizo esta metáfora porque me parece muy expresiva, que yo busco lectores, lectoras, que sean capaces de tener actitudes intrépidas respecto a los textos que leen, y que no sean clientes. Que no por el hecho de pagar un libro se tengan que sentir cómodos ni yo tenga que complacerles, ni yo tenga que regalarles. Hay veces que sí, que tú quieres crear situaciones placenteras para los lectores pero de lo que se trata es de generar, para mí, sobre todo, emociones intelectuales que nos ayuden a plantearnos preguntas sobre esas cosas sobre las que habitualmente ya no nos interrogamos más porque tenemos naturalizadas, normalizadas.

Conquistemos la plaza del lugar común. Existe, en lo ordinario, la causa para la insurrección.
Es verdad que yo huyo del lugar común precisamente para hablar de lo común. A mí me interesa hablar de lo común desde esa óptica en la que lo común se convierte en excepcional, o bien porque es injusto o es doloroso, o bien porque nos pasa desapercibido y no debería. Y también porque en esa cosa común y poco extraordinaria puede haber elementos de placer.

El elemento subversivo habita en lo profundo. La mujer desajustada vive en una mirada que no es plenamente la suya. Reventar los goznes, desquiciar la estructura.
Yo escribo las cosas que escribo porque soy la mujer que soy y creo que, tanto yo como todas las mujeres, estamos muy contracturadas. Tenemos dentro de nuestras tripas y dentro de nuestras inteligencias una serie de contradicciones, de elementos, que nos están haciendo daño y que, al mismo tiempo, tenemos asumidos y que salen en los textos que escribimos.
Yo soy consciente de que toda mi formación, o una parte muy grande de mi formación, está basada en fuentes que no se corresponden con las de las miradas femeninas que podemos tener ahora. Entonces yo entiendo que eso forma parte de mí. Yo no renuncio a eso porque no puedo renunciar, porque sería como renunciar a un brazo o a una pierna, sé que esas fuentes configuran el territorio de mis deseos y de mis valores pero, al mismo tiempo, sé que esos deseos, que esos valores responden a una expectativa masculina con la que yo no me siento absolutamente identificada.
Entonces, creo que las mujeres tenemos una contradicción y que tenemos un dolor de base que, inevitablemente, se refleja en los libros que escribimos; es más, incluso nuestra relación con el lenguaje parte de esa contractura, porque como decía la poeta estadounidense Adrienne Rich, “escribimos con la lengua del opresor”. Porque la lengua es permeable, pero es que yo necesito la lengua del opresor para hablarte, es que es la tuya y es que es la mía. Lo que yo creo que hacemos las mujeres que nos dedicamos a este oficio es, por una parte, querer desempeñar bien ese oficio, decir: en mis novelas yo puedo hacer lo mismo que has hecho tú, yo puedo meterme en la cabeza de los niños y de los viejos, es decir, puedo impostar las polifonías del mundo, pero, al mismo tiempo, necesito inaugurar un tipo de lenguaje que responda a un tipo de mirada, que responda a un tipo de experiencia, donde se reflejen todas estas violencias de las que estamos hablando desde el principio. 

Literatura con voz de mujer. No es exacto. La incoherencia está más abajo. Hay que cavar más hondo, más hondo, más hondo.
Es una cosa probablemente más profunda y en la que se tiene muy presente la conciencia de que el yo es una persona del nosotros y del nosotras, la conciencia de que tú cuando escribes autobiografía o textos donde estás reflejando las zonas de obscenidad, lo que no se ha contado nunca, lo que ha quedado fuera de la escena, eso que parece tan excepcional, tan tuyo y tan ombliguista, es algo que compartes con muchísimas otras personas de tu entorno. A mí me interesa esa perspectiva de la literatura como conversación y como movimiento fraterno.

Poesía, novela, autobiografía, ensayo, opinión, relato. Género oscuro, género resistente, género herido, género negado, revivido. Innovar para transformar. Asaltemos pues el fuerte sistematizado, el castillo frío y húmedo y viejo. Resbaladiza, engañosa edificación. Juguemos, también.
Hay un motivo de tics del oficio y de una cosa muy personal y muy juguetona y es que si yo me aburro escribiendo las cosas que escribo, cómo no te voy a aburrir a ti. Entonces, siempre ando buscando; yo creo que nuestro trabajo pasa por hacer experimentos con las palabras, con el lenguaje y ver qué sale de ahí. Mezclar los géneros, ver cómo en esa mezcla pueden surgir espacios de creatividad distintos, eso forma parte de lo que tenemos quienes escribimos como de científicos o científicas locas, que decimos: a ver qué pasa, esta es mi materia prima, voy a ver cómo mi materia prima me puede permitir ver la realidad o contar cosas que no se han contado nunca así o que nunca se han contado.
Por otra parte, mas allá de eso que sería estrictamente formal y estrictamente juguetón – y quiero subrayar que el juego puede ser muy productivo y muy bueno para hacer muchísimas cosas – también hay algo que se relaciona con el impulso comunicativo de las personas que escribimos.
Yo, hay veces que escribo porque tengo una pregunta o hay veces que escribo porque estoy indignada y no tengo una pregunta, tengo una tesis, hay veces que escribo porque me siento mal o hay veces que escribo porque me siento bien, hay veces que escribo de cosas de las que sé muchísimo y hay veces que escribo de cosas de las que no sé nada y por eso me pongo a escribir, entonces, ese origen comunicativo que puede ser tan variado, que nunca es el mismo, te lleva a buscar soluciones formales diferentes. Hay determinados momentos de tu vida en los que ese estado, ese magma sentimental o intelectual te lleva a que te haya salido un poemario, en otros momentos necesitas escribir un ensayo, en otros momentos una novela y en otros momentos, textos híbridos que no sabes que son, pero ahí están. El ejemplo más paradigmático de eso sería “Clavícula”.

La realidad cultural está en todas partes y en los huesos y en los órganos. Hay que dinamitar pilares, desigualar conceptos.
Ese uso de los elementos culturales salvo en Daniela Astor y la caja negra donde yo quería hacer mucho énfasis en cómo la realidad se relaciona con sus representaciones y todo ese cine del destape y todo ese fantaterror está ahí de manera muy intencional, hay en otros casos, en los que esos referentes culturales salen de una forma tremendamente natural y para lo que sirven muchas veces es para construir el contexto, construir el paisaje, definir la historia. También creo que es tan importante en mis novelas ese elemento cultural porque yo considero que la cultura es algo vital, es algo metabólico, para mí la cultura no es la guarnición del filete, para mí la cultura no es el ocio, para mí la cultura no es el espectáculo, es algo que está sustancialmente en tu hígado, en mi hígado, en mi manera de ver el mundo; entonces, si yo estoy hablando de personajes, de seres humanos de carne y hueso, inevitablemente, igual que muchas veces digo lo que comen, también muchas veces digo lo que leen o lo que les está llegando a través de las televisiones o de las pantallas, de una manera menos inocente de la que a priori podríamos entender. Creo que cada vez que hay un referente cultural también hay una especie de crítica implícita sobre los modos de consumo cultural a los que se nos invita en esta sociedad de mercado, que pretende, yo creo, reducir la cultura al ámbito de lo frívolo, para hacernos a todos personas cada vez más manipulables.

El humor es un arma para detectar el desconcierto. El localizador de líneas discontinuas. Te ríes del desorden, luego te rebelas.
Lo del tener un sentido del humor particular, viene de serie, que también es tener una relación con el lenguaje y con la realidad. Viene de familia, en mi casa tenemos un particularísimo sentido del humor negro que pasa por el uso de las palabras y pasa por juntar palabras de mundos muy distintos para provocar un efecto que a veces puede ser terrorífico… eso yo lo he mamado, se me ha educado el oído por oír hablar a mi padre y a mi madre y luego, con los años, he aprendido que el humor es una lente deformante y lo que hace el humor, en esa especie de exageración, en ese agrandamiento de las cosas, es ayudarte a ver mejor. Hay veces que las deformaciones humorísticas te ayudan a ver mejor esas facetas que a priori no nos parecen risibles en la vida. Una herramienta que tiene la literatura para intervenir el espacio de lo real.

Y en algún momento nos detendremos, como hacen sus personajes, como hace su literatura – la sublevación se alimenta de tiempos detenidos -. Habrá que ver la violencia para levantarse contra ella. Es lícito, sí, sentir miedo.
Todo se hace grande y todo se detiene. Eso se relaciona con el género de terror; en el género de terror el elemento fundamental es la hiperestesia, la hipersensibilidad de los personajes y esa hiperestesia es la que logra que el mundo sea un lugar extraño, hiriente y violento y, en ese sentido, para mí, la literatura es el lugar de resistencia, es el lugar de lentitud y es el lugar de concentración, que puede ser el contrapunto a estos tiempos voraces, vertiginosos, viscerales que vivimos. Yo creo que por eso sigo escribiendo. Sigo escribiendo porque creo que es una manera de reivindicar una forma de lentitud que es absolutamente imprescindible para que no se nos coma la vida y para que sigamos desarrollando nuestro sentido crítico.

Crear quizá no sea tanto resistir como embestir. Saltear caminos, arrojarse a la estridencia de las calles y gritar distinto. Y saber que te van a escuchar. Grito elaborado, atento, consciente de sí.
Cada libro es absolutamente diferente incluso dentro del mismo género. Los libros detectivescos para mí necesitan mapa, necesitan planos arquitectónicos para saber dónde estás dando la información, en qué punto del relato, cómo la tienes que retomar para crear un efecto sorprendente, para burlarte de los efectos sorprendentes de la novela negra convencional porque, al fin y al cabo, yo estoy haciendo sátira de esa novela negra convencional y necesito mi mapa, necesito mis esquemas.
En el caso de una novela autobiográfica como La lección de anatomía no necesité absolutamente nada porque lo único que necesité fue sentarme y poner a funcionar la memoria, que descubrí que es un músculo. Tú te pones a recordar y recuerdas, y los recuerdos van saliendo de una manera asociada, a veces, a los espacios, a veces, a las sensaciones, a veces a una determinada persona que tú quieres, entonces ahí la mano se fue sola y todo tenía una ordenación coherente e incluso musical.
En el caso de Clavícula es un libro muy extraño porque es un libro que comencé a escribir no para dirigirme a nadie, yo no tenía en mente que tú estarías al otro lado, que estaría al otro lado cualquier otra persona. Es un libro que yo escribí simplemente para poner orden a mi propio dolor, de modo que yo era, al mismo tiempo, la emisora y la destinataria del texto. Cuando este libro estaba avanzado y a mí me estaba ayudando a entender muchas cosas de por qué me dolían las cosas que me dolían, y me ayudaba a entender cómo lo social y lo cultural y lo económico eran indisolubles de lo físico y de lo psicológico, ahí es cuando me dí cuenta de que le podía concernir o podía afectar a muchas personas y ahí me puse a pensar en Clavícula como un texto literario donde hay un destinatario al que tú le tienes que tener un respeto.
Creo que cuando tú estás escribiendo textos que van a leer otras personas, hay un sentimiento muy importante que es el respeto, por muy subversiva que seas. Tú puedes querer ser subversiva, puedes querer romper las estructuras canónicas de ordenación social y literaria, todo lo que quieras, pero hay una persona a la que tú le tienes que tener respeto desde tu lenguaje estridente, desde lo que sea, pero hay que tener conciencia de que al otro lado está el otro y eso no tiene que ver con la comercialidad sino con la conciencia de lo comunicativo y de la pertenencia a la comunidad. En un determinado momento Clavícula se transformó en otra cosa y entonces ya me puse a hacer operaciones que tenían que ver con el oficio de escribir.
En cada libro el proceso creativo es muy diferente pero siempre creo que hay algo que comparten todos que es: cosas que sabes antes de ponerte a escribir o que piensas que no sabes que están ahí, como lagunas, y cosas que van surgiendo durante el proceso de escritura, y luego ya el círculo se cierra cuando llegas tú y me haces preguntas y…

Amotinados en la oficina sin ventilar, nos encontramos con una investigación en curso. El polvo cubre todas las superficies, el cenicero rebosa, la luz es escasa. Asoma, de un sobre marrón a medio abrir, una fotografía… Haremos volar los cimientos seguros, constantes, eficaces. Nadie está a salvo si hay otras palabras.
Escribí dos novelas detectivescas – Black, black, black y Un buen detective no se casa jamás – que van contra la rutinización de la novela detectivesca, contra el convertir las novelas detectivescas es una especie de ejemplo de literatura comercial, que clienteliza a los lectores. Creo que voy a escribir la tercera, que voy a cerrar el ciclo porque precisamente no quiero caer en esa misma rutina que denuncio. No quiero que sea una saga larga, no quiero sentirme cómoda con unos personajes de los que ya no tengo que pensar muchas cosas porque están ya construidos y sé que los lectores y las lectoras están esperando que se comporten de una manera previsible, que no defraude sus expectativas. Voy a cerrar ese ciclo y creo que lo voy a cerrar de una manera bastante chirriante, yo me he prometido a mí misma pegar ahí un portazo espantoso.

Insurrección que promete. ¿Y qué hay de las conquistas?
Hay muchas cosas de las que no sé nada y, a medida que voy trabajando más, tengo más inseguridades y me siento más vulnerable, por muchas razones, y creo que ese es un buen lugar desde el que escribir. Pero te mentiría si no te dijera que hay muchas otras cosas que, naturalmente, he aprendido y que por eso creo que a medida que voy escribiendo libros, lo hago mejor, voy limando cosas, tengo capacidad para pensar en cosas que al principio no pensaba y creo que me van convirtiendo, poquito a poco, en una mejor escritora, o por lo menos en una escritora que se merece ese nombre.

 

Retablo es el último libro de Marta Sanz, editado por Páginas de Espuma.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/6″][/vc_column][/vc_row]