[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»Crítica música
Por Felipe Rey» font_container=»tag:h2|text_align:center» google_fonts=»font_family:Hind%3A300%2Cregular%2C500%2C600%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/6″][/vc_column][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]Dido y Eneas
H. Purcell
William Christie con Les Arts Florissants

Valladolid, 2010. El auditorio lleno, no preparado todavía para la escucha casi reverencial. Son los momentos previos en los que las personas se encuentran, se saludan, observan quién hay a su alrededor, leen – con admirable concentración – el libreto de la obra. Los hay que definen con la mirada a los diletantes. Si pudiera establecerse una barrera que separase la zona profesional de la zona “simple aficionado”, serían los primeros en apoyar la iniciativa. Pero la música es de todos, para todos. Como la palabra.
Suena el aviso a través del altavoz. Al lado de lo que vamos a presenciar, ese sonido parece un anacronismo.
Silencio. Silencio.
Entra William Christie, un hombre de 66 años por aquel entonces, nacido americano, nacionalizado francés; director de orquesta, clavicembalista, musicólogo, profesor, especialista en música barroca y creador de Les Arts Florissants, una formación exquisita, a punto de ocupar no ya el lugar sino el tiempo.
Dónde se vive y cuánto se vive mientras se escucha, de la mano delicadísima de Christie, la ópera Dido y Eneas, compuesta por Henry Purcell, en 1682, está fuera de las leyes de la física.
No es que algo se detenga sino al contrario. Se despliegan, en lo que parece loca carrera, tantas velocidades y tantas direcciones tan imposibles de seguir durante el concierto que no queda otro remedio que ir tras ellas el resto de la existencia.
Colateral, placentero, infinito, impresionante efecto.

***

Misa en si menor, BWV 232
J.S. Bach
Sir John Eliot Gardiner con el Coro Monteverdi y La Orquesta Revolucionaria y Romántica

A Coruña, 2011. Un Sir, director de orquesta, sale a escena. Sir John Eliot Gardiner. Ya están preparados los miembros del Coro Monteverdi y los Orquesta Revolucionaria y Romántica, fundados por Gardiner en 1964 y 1990, respectivamente. El arranque de esta obra, con estas formaciones, no es algo que se pueda definir con el vocabulario de este mundo. Existe otro diccionario para clamar al cielo – los que crean en él – o para cantarle al alma – signifique este concepto lo que signifique. Una potencia impecable, tremendamente fuerte, de tan fina.
Te clava en el asiento. Y así te mantiene hasta que termina todo. Incluso, tras el final, cuesta emprender el camino de vuelta a casa.
Es la Misa en si menor, de Johann Sebastian Bach.
No importa en absoluto quienes seamos cada uno al entrar en la sala. Puede que importase antes, en el tiempo previo. Que estuviésemos preocupados o confusos o desconcertados o alegres o confiados o incluso orgullosos de toda nuestra trayectoria de fuera. Quizás fuimos mujeres y hombres con sueños cumplidos, con carreras exitosas, con un futuro prometedor. Antes. O, tal vez, arrastramos nuestras oscuridades por calles luminosas para pretender. Quién sabe qué.
Todo aquello queda extremadamente lejos. El ahora es esto que se escucha, esto que se siente.
Cada cual será capaz de decir lo que es. O no. Acaso no sea posible. [/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/6″][/vc_column][/vc_row]