[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»El violoncellista del nuevo siglo
Por Berta Valls» font_container=»tag:h2|text_align:center» google_fonts=»font_family:Hind%3A300%2Cregular%2C500%2C600%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/6″][/vc_column][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]Un músico que enseña, un profesor que toca, tratando de entender y de hacer entender el significado de la música clásica en el siglo XXI. En su trayectoria hay afán de perfeccionamiento musical pero, sobre todo, humano. Se abren nuevas vías para la clásica, y una de ellas tiene nombre: Iván Siso.

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Profesor asistente de violoncello y de música de cámara en la Universidad Alfonso X El Sabio de Madrid, Iván Siso se implica en todos los proyectos capaces de provocarle entusiasmo.
Soy profesor, pero no al uso, porque sigo en activo musicalmente hablando, sigo tocando, sigo aprendiendo, me reseteo constantemente y así puedo enseñarles nuevas cosas a mis alumnos.
Es de Vilalba (Lugo) y de sus primeros años recuerda su periodo de formación en el Conservatorio y tocar en la Orquesta de Xove (Lugo). Después de eso se va de Galicia porque lo que ha iniciado debe continuarlo fuera de allí. Porque lo que tiene que aprender se encuentra esparcido por todos los lugares de la tierra. Sin embargo, de vez en cuando, vuelve, y toca, y apoya, con su presencia, las iniciativas que surgen aquí. Ocurrió con la LUCA, la Orquesta Clásica de Lugo, cuyos integrantes conocieron un punto de inflexión durante el proceso de preparación del concierto. No volvió para quedarse, porque quien busca la música ha de estar dispuesto a viajar por ella.
Lo que busco como cellista, depende cada vez más de la situación. Hay diferentes cuestiones que se plantean dependiendo de la obra que estoy haciendo. Por ejemplo, ahora estoy haciendo ópera, dentro de una orquesta, y veo cuál es el proceso, el de acompañar, que es diferente al proceso de solista, o música de cámara… Lo que últimamente busco más es ser capaz de contar algo siendo lo más fiel posible a la partitura. Ser el intermediario entre la idea que quería transmitir el compositor y lo que va a recibir el público. La objetividad es imposible porque ya la filtro yo, pero quiero ser más fiel al compositor, quiero conocer el estilo de la partitura y luego expresarlo desde el conocimiento. Eso es importante para mí ahora.
Yo busco eso, transmitir lo que a mí me alucina de los compositores que cada vez conozco más, eso es lo que me anima a hacer conciertos, a conocer más música con diferentes proyectos, y luego acercarlo a todo tipo de público. Esta es una de las cosas que más me animaron a tocar con la LUCA, independiente del contexto. Es lo que más bonito me parece, que haya gente que no se haya planteado que esto es tan maravilloso como yo lo veo, y más en ciertos contextos ¿no? En que la música clásica está tan separada del público. Ayudar a conocer las claves, los códigos y que la gente, poco a poco, empiece a adentrarse en este mundo, creo que eso es algo que, hoy en día, los músicos somos responsables de transmitir ese mensaje.
Básicamente, no busco tanto el tener un éxito determinado, sino que el éxito sea ese, que la gente se vaya de los conciertos pensando “me gusta esta música”. Compartir eso con la gente me encanta, y creo que eso también hace un poco mi proceso de búsqueda a la hora de tocar, a la hora de estudiar, de leer… qué es lo que voy a hacer para que eso llegue, para que se comunique.
Un código. Un público. Un siglo.
Somos la primera época en la que el público que va a los conciertos no demanda la música de su propio tiempo sino músicas pasadas. Hay una falta de acercamiento al público porque primero hay que entender el código; entonces yo creo que nuestra responsabilidad es también tocar música contemporánea. Creo que hay la estructura, hay orquestas, hay salas de conciertos, hay proyectos – no quizás todos los que nos gustaría a los músicos – pero los hay. Creo que ya en el siglo XXI no cabe esa idea de “somos nosotros y el público viene a vernos”, hace falta más implicación, con toda la competitividad audiovisual que hay, es que si no haces tú un esfuerzo… Y no me refiero a banalizar la música, a simplificarla, no, puedes tocar música original, bien estructurada, bien pensada, pero luego explicarla, para que se entiendan esos códigos y se disfrute. Eso es algo que yo he hecho en algún concierto y que me gustaría hacer cada vez más, quiero tener coloquios con el público, debatirlo y presentar la música ¿no? Ciertas claves, tirar de la sugestión, hay mucha gente que si les das el input, a partir de ahí descubren un mundo y empiezan a ir a salas de conciertos. Y creo que es la razón, además de la social, por la que mucho público sigue yendo a los conciertos; unos, a lo mejor van sólo por la razón social, pero otros sí que se han enganchado, a fuerza de ir, de sugestionarse, de fijarse y de tomarse el espacio en esta vida que parece que no hay tiempo para nada, de media hora, una hora, ponerse a escuchar una obra y dejarse llevar. Pero claro, para eso, tenemos que convencer un poco al público de que merece la pena. Hacer con la mayor calidad posible nuestro trabajo y remangarse y aceptar que, o se hace eso, o, poco a poco, el público se va a alejar. Y es una responsabilidad muy grande, mantener la cultura. Ir haciendo una afición cultural.
El compositor y el intérprete.
A la hora de preparar una obra hay que conocer el estilo, conocer el texto y cuanto más conozcas más puedes transmitir. Si tú ves la partitura más como un compositor que como un intérprete, más expresividad puedes tener y más fidedigno puedes ser, porque no lo ves desde fuera sino que te metes y te preguntas qué querría el compositor cuando buscaba este acorde o este fraseo.
Estudiarla, analizarla, eso lo veo importante. Pero luego los significados los tienes que dar tú como intérprete. Qué tipo de expresión, qué tipo de energía, qué tipo de sonoridades… cuanto más fundamentado esté todo eso en lo que tú lees, más potente va a ser el resultado.

Vinculación con la música de cámara.
Desde el principio siempre me ha gustado, y yo creo que lo primero que me ha enganchado ha sido la orquesta, estar desde muy pequeñito en un grupo y ver que lo que tú haces se vuelve mejor por la colaboración con otros, que eso es lo más, con otro. Por otro lado, lo que tiene la orquesta es que formas demasiado parte de una masa, y lo que tú tocas no trasciende, sobre todo en los instrumentos de cuerda porque compartes una voz; en la música de cámara tocas tu propia voz, cada voz es un personaje, cada voz aporta la parte de un todo, es algo que te enseña a ser músico… La música de cámara es lo que más te enseña, tienes que dominar un instrumento, pero luego, donde más aprendes, donde más disfrutas, es en ese hacer con los demás, unas veces acompañas, otras sobresales, en otro momento hasta molestas… (risas); el juego que puedes tener en la música de cámara no lo tienes tanto en otras funciones ni incluso tocando solo.
Y luego está el tocar en orquesta con esa actitud ¿no? A veces dicen de nosotros, “tiene actitud camerística” dentro de una orquesta… Si los músicos dentro de la orquesta tienen esa actitud también se nota mucho, y se nota mucho la gente que desde pequeña le ha dado una importancia capital a la música de cámara, se nota mucho porque aportan mucho más. Tocar así es muy, muy agradable, mucho más complicado, pero increíblemente atractivo porque tienes que comunicar con los demás para comunicarle a su vez al público un mensaje; tienes que organizar, tienes que dialogar, todas esas facetas me encantan; trabajar así la música aporta muchísimo y creces mucho, más que en tu aula, tú solo, aunque, claro, tienes que hacer este trabajo también (risas).
Un profesor que se transforma.
Porque antes pensaba más en dar clase desde mi experiencia, “yo voy a enseñar lo que yo he aprendido” y luego, me voy dando cuenta de que esos conceptos que yo he aprendido son sobre mí mismo. Ahora cada vez creo que depende más de quién tengas delante; entonces, conceptos que a lo mejor para mí son innegociables como honestidad, respeto, cosas como muy generales, casi al margen de la música, creo que aportan mucho a la música, o a cualquier disciplina artística, seguramente. Muchas veces me descubro enseñando cosas o inspirando cosas que a mí nunca me han enseñado.
Para mí, de partida, lo fundamental en cuanto a música, es respeto por el texto que tienen delante, analizarlo, estructurarlo para poder cantarlo, incluso desde pequeñitos, entenderlo antes de comunicarlo, eso es fundamental en cualquier nivel. Que la expresividad tiene una frase, que el fraseo tiene una estructura, no se diferencia de otras artes en ese sentido ¿no? Primero viene el entendimiento para después poder ser potentes y expresivos.
Eso requiere de mí también un seguir estudiando y un estudio muy exhaustivo del material que trabajo con mis alumnos, para poder enseñarles eso. Lo que estoy aprendiendo yo a la hora de comunicar, a la hora de enseñar, es que necesitan primero quizá de otros elementos que les inspiren para que eso les guste, y creo que cada vez está más difícil eso, porque todo viene muy inmediato y aquí tienes que ir día a día, semana tras semana y año tras año ¿no? Y hay ciertas cosas que no consigues de un día para otro, no consigues una receta mágica, tienes que ir entendiendo…
Entonces es importante, por mi parte también, y eso también lo estoy entendiendo ahora, aparte de la honestidad, inspirar, motivar, darles las herramientas, y más hoy en día que hay muchísimas, para que ellos se inspiren también a seguir buscando.
Para que se motiven a pensar. Curiosidad, escucha, de ahí viene la motivación y viene la pasión como para estar tan loco para encerrarse ocho horas a estudiar. Primero cimentar esa pasión, porque, a veces, viven un poco en la sobreinformación que les hace ir a spotify o youtube y escuchar un minuto de algo…
Enseñarles el camino, motivarles. Eso. Que todos aprendan a tener la música en su vida de una forma bonita, es lo que más me preocupa últimamente. Que se vayan quedando con la idea de que ser melómano puede ser un salvavidas en algún momento de su vida, que no rechacen la música, porque a veces pasa, se les aprietan las tuercas para ser profesional y no todo el mundo tiene que llegar a eso.
Alguien que no querría ser como profesor es alguien que apartase a la gente de la música. Hay que adecuarse, el equilibrio es difícil, es un poco ir viendo, pero yo te diría eso, que la gente se enganche a la música, que no la dejen de lado.
La pasión de los alumnos está relacionada con la mía, al final es enseñarles un poco lo que tú haces, por eso para mí es una ventaja estar en activo.

Y para los demás, que lo estés.

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