[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»Líneas de fuga para poder volver
Por Oli Taboada» font_container=»tag:h2|text_align:center» google_fonts=»font_family:Hind%3A300%2Cregular%2C500%2C600%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/6″][/vc_column][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]Isabel Somoza se mueve entre las líneas divergentes, las que se escapan del academicismo que rige el sólido edificio del grabado. Ahí dentro, hay siempre sitio para los que cumplen, ordenadamente, con las tradiciones; ahí dentro viven y se pasean por sus elegantes salones aquellos que repiten consignas, con más o menos acierto técnico, con más o menos originalidad, respetando casi unánimemente los límites marcados. Pero en toda casa, en toda comunidad – artística o no – existen elementos discordantes que tienden a abrir las ventanas para dejar que entre la luz y que el aire haga temblar un poco las pesadas, aterciopeladas y siempre dignas, cortinas que decoran las estancias. En ese estremecimiento está el germen de una fuga. Después, nada volverá a ser como antes, y la imposibilidad de que así sea dibujará elegantemente el camino de salida. La casa que se va a construir a partir de ahí, tendrá dificultades para ser reconocida por el edificio maestro y, a cambio, estará asentada en un barrio de ventanas permanentemente abiertas.

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¿Crees que hay algo de revolución en este camino
que ya dura veinte años?
Bueno, no lo sé, sí, hay gente que trabaja con soportes también, pero no es lo común, lo que está valorado. El mundo del grabado es muy técnico y muy muy tradicional; hay artistas que, de manera muy puntual, se salen del trabajo sobre papel. Se investiga en técnicas pero, por ejemplo, la investigación en soporte, yo no veo ni que se haga ni que se valore porque es como desprestigiarla, lo consideran como un desprestigio, como si eso no fuera grabado. Yo considero que el grabado, en realidad, no es un medio para representar y producir y editar, sino que te da un abanico tan grande de posibilidades gráficas, de resultados, cada técnica es completamente diferente… y a mí lo que me parece interesante del grabado es precisamente todo lo que te puede aportar, plásticamente, pero la parte de edición no me interesa tanto. A mí me gusta todo lo que no sea papel, me da por estampar en puños, en cuellos de camisa, en plumas… por buscar soportes nuevos, buscar siempre lo que no se puede hacer (risas).

¿El taller es un refugio y, al mismo tiempo, un espacio de innovación, de investigación?
Sí, tengo un taller desde hace veinte años, que se llama Augatinta, y que es como mi refugio. Me encanta el grabado, me encanta investigar técnicas y descubrir cosas que para mí son grandes descubrimientos ese día, al día siguiente no tanto (risas). Todo es como una conjunción entre las investigaciones, por un lado técnicas, que voy trabajando y que voy consiguiendo y desarrollando, dentro de todo mi mundo.
Ese mundo lo habitan varios elementos recurrentes, que son como fetiches.
Sí, como unos fetiches, como unos elementos que utilizo desde hace mucho tiempo; por ejemplo un corazón, que es muy orgánico, pero que, a la vez, tiene como unos paisajes japoneses dentro de él. En realidad todos tenemos paisajes japoneses dentro.

A partir de ese corazón hice muchísima obra y es un elemento que me marcó mucho; después introduje otros, como una serie de barquitos de papel que hablaban del viaje, pero de un viaje interior; también había venas y raíces y todos esos elementos con los que trabajo. Otra imagen muy recurrente en mi obra es la de las plumas, que es como una caricia, como algo que te acoge, que te abriga, que te mima. Creo que la razón de utilizar esos elementos tiene que ver con la vuelta a un espacio donde te sientes protegido. En mi última serie lo que hago es trabajar también con nidos, que no dejan de ser un hogar, en los que meto los corazones. Trabajo con unos corazones que hago con parafina y cera virgen, que también son elementos muy cálidos. Siempre trabajo con elementos cálidos; los metales, el cristal, todo lo lo frío no va conmigo, no. Entonces lo que hago son grabados en piezas de cera, que es algo como en tridimensional, algo a lo que no está acostumbrada la gente…

¿Fogar de almas y Manto do ar son las series del momento?
Sí, ahora estoy trabajando en las series de los nidos y los corazones que se llama Fogar de almas, en la que la forma, lo que es el molde, es prácticamente el mismo, pero las imágenes que están en cada pieza son independientes, como cada uno de nosotros ¿no?, es como si tuvieran su entidad, y después los voy llenando de cosas muy personales… También tengo una serie, Manto do ar, que tengo como inacabada, que empecé hace más de diez años, y es en torno a la figura humana, pero que en realidad está dibujada por pluma, o sea, son como entes vacíos que toman forma al dibujar su estructura con plumas. Ahora estoy con esas series en la cabeza.
La utilización de esos elementos recuerda a un viaje introspectivo.
Sí, sí, totalmente. Viendo toda la obra que he ido haciendo lo que me parece es que sí tengo ahí como… como que estoy enraizada a una serie de cosas de mi vida personal a las que necesito volver para sentirme bien, es como que vuelvo a unos pensamientos. Yo creo que es como una vuelta.
¿Es ese conjunto de cosas la motivación para crear?
Sí, supongo que sí. La serie de los cuellos y los puños de las camisas fue como un nexo de unión entre mi parte artística y mis vivencias personales, fue como la manera de unirlo todo, porque yo tengo una fuerte conexión con la faceta profesional de mi familia, que siempre tuvieron una tienda, una sastrería… y todo eso confluye, mi parte creativa y mi parte más mundana del trabajo en una tienda. Esa serie me encantó, se llamaba Hablando para el cuello de la camisa, que también es una reflexión que haces así, hablando bajito para ti mismo… La misma idea me llevó a otra serie en la que trabajé con facturas antiguas que mi abuelo guardaba y las plumas, que les daban calidez, esa caricia.
¿Consideras que el enfoque de tu obra y su aplicación innovadora en el taller Augatinta, se pueden calificar de trabajo vanguardista?
A nivel de talleres de grabado, pienso que siempre he estado en la vanguardia. En Galicia no hay muchos talleres que organicen cosas así, siguiendo con la idea de la apertura del grabado en cuanto a técnicas, a procesos, a soportes y a todo. El hilo conductor a la hora de elegir a las personas que quiero que impartan algún taller es que aporten siempre algún conocimiento nuevo. Me parece muy interesante. Yo doy clases de grabado durante todo el año y una vez al mes tengo un monográfico de gente especializada en técnicas o en procesos innovadores. Viene gente de toda Galicia, de España y de fuera de España. [/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/6″][/vc_column][/vc_row]