[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»Diario de Anne
Por María Cordo Imedio» font_container=»tag:h2|text_align:center» google_fonts=»font_family:Hind%3A300%2Cregular%2C500%2C600%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/6″][/vc_column][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]27 de noviembre, 1978
Este año no será igual. No iré de vacaciones de Navidad con mis padres, no cocinaré galletas ni cenas especiales con mi madre, no jugaré en la nieve con mi padre mientras mamá pone la mesa para la noche familiar. Este año mis padres ya no estarán aquí. Ellos han muerto y ahora yo estoy internada en un orfanato escribiendo este diario. Tengo 12 años y me llamo Anne. Anne era el nombre de mi abuela. Ella también está muerta. Parece que no he tenido mucha suerte en lo que llevo de vida, pero aún me queda mucho camino por recorrer. Ahora mismo me gustaría tener la respuesta a esta pregunta: ¿Seré la futura Ana Frank?
1 de diciembre, 1978
Llevo varios días en este lugar, cinco, para ser exactos. Me he acostumbrado a la gente de aquí. Ellos también se han acostumbrado a mí, sobre todo los niños que han corrido la misma suerte que yo. Saben que me gusta estar sola y me respetan. No me refiero con esto a que no he hecho amigos, al contrario, tengo ya algunos. Pero los amigos saben de sobra lo que te gusta, lo que no te gusta, lo que te molesta… Y lo respetan. Por eso hemos hecho buenas migas.
4 de marzo, 1979
Llevo mucho tiempo aquí. Después de numerosas entrevistas de adopción, aún sigo en este orfanato. He visto marchar a mis amigos, y llegar a otros niños, de los que también me he hecho amiga. Todos ellos me conocen, digamos que soy famosa en este sitio. Me he fijado en uno nuevo, tiene seis añitos. No sabe lo que les ha pasado a sus padres, los espera cada sábado a las 12:00. Nadie le dice la verdad, que no volverán a por él. Me dan ganas de contárselo todo, de desahogarme con él aunque casi no me entienda. Hay veces que da más gusto confesarle tus miedos a alguien que te mira con cara de no entenderte que a alguien de confianza. Por eso escribo este diario de mi estancia aquí.
2 de abril, 1979
Billy, el niño que esperaba a sus padres, ha descubierto la verdad. Comenzó a preguntar por ellos hace varias semanas, pero la respuesta la conoció hace unos días. Está destrozado, no sale de su habitación. Suele echar a su compañero cuando este entra, por lo que le han tenido que cambiar de habitación. Pobre Billy, lo que le queda. Lo que nos queda.

8 de mayo, 1979
Hoy me toca entrevista de nuevo. Esta vez viene una pareja de ricos. No me caen bien los ricos, no saben lo que es mover el culo para ganarte la paga de la semana. Lo tienen todo en un segundo. Pero habrá que aguantar. Mis amigos me dan ánimos antes de que se abran las puertas. Enseguida veo un coche muy grande, negro y reluciente. Casi tengo que taparme los ojos para no quedarme ciega. En fin, cosas de ricos. Cuando él ya está fuera y ella asoma una pierna por la puerta levanto la mirada. Algo me ha llamado la atención. En efecto, no me equivocaba, mi instinto nunca me falla. Veo una figura pequeña en el tejado. Se ha resbalado, eso parece. Afino un poco la vista y pronto me doy cuenta de que se trata de Billy. Me he convertido en una especie de hermana mayor para él, y no me arrepiento. Le he servido de apoyo al pobre niño del que un día me apené. Sin pensarlo dos veces, comienzo a escalar. Y escalo lo más rápido que puedo para llegar, una vez más, a socorrer a mi pequeño. Todo lo demás para mí desaparece. Asciendo ágilmente hasta llegar a mi objetivo. Lo agarro bien fuerte y lo bajo. No hago caso de sus temblores ni de sus súplicas. Por el camino hasta la ventana más cercana me explica que ha intentado escaparse. Está claro que le ha salido el tiro por la culata. Finalmente llegamos al interior del orfanato y bajamos hasta el portal. Este sigue abierto. Todos han salido para vernos, pero no les presto atención y me dirijo al cuidador que me acompañaba, con Billy subido a mi espalda.
– Niña, ¿cómo te llamas?
– Anne señora, me llamo Anne. Y este hombrecito de aquí es Billy.
– Has sido muy valiente Anne – esta vez es el señor el que habla -.
– Sí, estamos impresionados. De hecho… nos lo hemos pensado mientras te esperábamos y queremos proponerte una buena educación, buena comida y un buen hogar, con nosotros.
– ¡Sí! Es decir… estaré encantada de marcharme con ustedes. Muchas gracias por la oferta.
– Pero esto no es todo… Billy, ¿querrías acompañar a Anne y venirte con nosotros, cielo?
8 de mayo, 1980
Ha pasado un año justo desde el día en que Billy y yo vivimos con Adelaida y Robert. Vamos a celebrarlo visitando el orfanato, hemos organizado una comida en el patio del edificio. Y creo que es hora de despedirme de este diario. Pienso esconderlo hoy en el orfanato, muy bien escondido. De hecho… consultaré con los demás si quieren ayudarme a enterrarlo. ¿Será mi historia recordada en un futuro?[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/6″][/vc_column][/vc_row]