[vc_row][vc_column][vc_custom_heading text=»Crítica libros
Por Felipe Rey» font_container=»tag:h2|text_align:center» google_fonts=»font_family:Hind%3A300%2Cregular%2C500%2C600%2C700|font_style:400%20regular%3A400%3Anormal»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=»1/6″][/vc_column][vc_column width=»2/3″][vc_column_text]En la belleza ajena. Adam Zagajewski.

O en el centro de la existencia poética.
Adam Zagajewski escribe acerca de sí mismo; recorre calles, plazas, parques, busca los edificios que estaban cuando él estuvo, las sensaciones que, por alguna razón, permanecen en su memoria. Lugares que pisó en su juventud se representan en su mente como si fuera hoy, hace un instante.
La memoria de lo individual se entrelaza con la historia, las ideologías, el pensamiento, la literatura. Las corrientes vitales de quienes conoció y a quienes admiró; aquellos a quienes observó fluyen entre las páginas y acaban pasando de largo, dejándolo a él, solo con la palabra.
Lo que queda de ese devenir lo ha convertido en un poeta que no olvida ni recuerda todo. Pegado a su tierra polaca. En ese origen, la mirada. En ese atrás, la piel poética. Tan suya.

***

Duelo. Eduardo Halfon.

O cerrar un círculo que no tiene puertas.
Laberinto cerrado, impenetrable – a priori – impensado. Eduardo Halfon lo piensa así porque hay atrevimiento, porque hay tentación y porque hay miedo. Si no existiera un abismo atrapado en alguna parte, no habría duelo preparado para salir a la luz.
Avanza en la confusión, a veces el camino es viscoso, como una palabra atragantada que, de no derretirse pronto, ahogará el futuro, sea el que sea. Otras veces, el avance es rápido, sin llegar a saber realmente si la premura es por la historia que hay detrás o por uno mismo.
Puede que lo llamemos salvación o puede que lo llamemos retorno. O semilla. O viaje. O todo. O siempre.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/6″][/vc_column][/vc_row]