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Solo por un instante. Anna Tavali.

Solo por un instante. Anna Tavali.

Aquella tarde, un camión de mudanza se paró delante de nuestro edificio. Algunos curiosos, entre los que me encontraba, nos asomamos a las ventanas para averiguar qué estaba pasando. En casos como este, siempre salía a colación el mismo reproche de mi mujer. Que yo era un cotilla.
Mi mujer, Marga, había salido con la niña de compras, pero escuché igual el reproche, de tan interiorizado que lo tenía. A veces pienso que los matrimonios se destruyen por acumulación inconsciente de palabras y tonos asociados que resultan irritantes. De pronto un día que no está sucediendo nada reseñable, te resuena eso en la cabeza de tal modo que no puedes más. Y ahí se acaba todo. Yo consigo ver claramente la cara que pondría mi mujer si llegara el caso. No creo que comprendiera la desgarradura de un sonido constante como el de cotilla en el interior de uno. O puede que sí y sea yo el que no entiende nada.

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Fecha: 31 marzo, 2019

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