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Nuestro trabajo

Criaturas

Solo por un instante. Anna Tavali.
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Aquella tarde, un camión de mudanza se paró delante de nuestro edificio. Algunos curiosos, entre los que me encontraba, nos asomamos a las ventanas para averiguar qué estaba pasando. En casos como este, siempre salía a colación el mismo reproche de mi mujer. Que yo era un cotilla. Mi mujer, Marga, había salido con la niña de compras, pero escuché igual el reproche, de tan interiorizado que lo tenía. A veces pienso que los matrimonios se destruyen por acumulación inconsciente de palabras y tonos asociados que resultan irritantes. De pronto un día que no está sucediendo nada reseñable, te resuena

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